Historias divertidas de viajer@s para reír

En esta ocasión, han colaborado varios blogs de viajes para explicarnos sus historias divertidas sobre alojamientos donde se han alojado. Espero que os saquen una sonrisa en este Blue Monday. ¿Estáis preparados?

Historias divertidas para animar en el Blue Monday:

Camino salvaje – Recuerdos de personas

historias divertidas

<<La mejor historia en un hostel… No, no puedo contar aquel hostel en Guatemala donde la habitación era un zulo hecho con pales y había más bichos dentro que fuera. No, esa es de terror. La mejor historia… Tampoco la de la ducha llena de musgo en Notting Hill, otra pesadilla. ¿Por qué no recuerdo ninguna historia genial en un hostel, una buena anécdota? A ver, repasa, los últimos hostel y albergues donde has estado… Me acuerdo de Rysh, el americano que conocí en Sapa, esos días lo pasamos genial pero ¿cómo era el sitio? No lo recuerdo. Vale otro hostel últimamente… ¡Ah! Aquel en el que pasé aquella noche genial en Tilcara con todos aquellos mochileros, organizamos un barbacoa y estuvimos tocando música y de risas toda la noche, y eso que nos acabábamos de conocer, ¡éramos 20 por lo menos! ¿cómo se llamaba? No lo sé… Tengo un problema. No recuerdo los lugares donde me alojé. Supongo que eran simples lugares de paso en los que dormir… Pero si recuerdo a la gente que conocí. Otros viajeros con sus historias y sus vidas. No, no recuerdo los lugares.

No tengo una historia graciosa o divertida, pero tengo muchos recuerdos de las personas que formaron parte de esos momentos, algunos amigos ahora, otros solo personas que hicieron de aquellos lugares un pequeño hogar durante unos días. Y es que lo mejor de los alojamientos que encuentro en la ruta son las personas que conozco en ellos. Ni el lugar más lujoso ni el sitio más cutre son nada sin conocer otros viajeros que allí se alojan. Creo que esa mi mejor historia, que no es la mía, sino la que otros a mi alrededor crean.>>

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La Perla negra viajes – Burbuja en Islandia

la perla negra

Cerca de Geysir estuvimos alojados en una granja donde tenían burbujas como habitaciones. Cada burbuja estaba en un lugar a solas de un pequeño bosque. La sensación es rara, estas en una burbuja desde la cual puedes ver todo, es un plástico transparente que te separa del exterior, a la vez estas entro del paisaje y formas parte de el.

Es una sensación única, como si duermes con un saco en medio del bosque. Estuvimos hasta las tantas esperando que se hiciese de noche pero las noches en Islandia son muy cortas y nos venció el sueño…

Viajando con mi cámara – Mis disculpas a las hormigas voladoras…

Hacia más calor de lo habitual en la preciosa Sri Lanka, así que después de estar todo el día visitando templos, ruinas, etc., estábamos deseando llegar al hotel para pegarnos una buena ducha. Habíamos reservado una habitación en una casita familiar ubicada en una zona de arrozales.

Cuando la vi pensé “ufff creo que me voy a ir”, por fuera estaba toda en obras y la verdad no me dio muy buena impresión, pese a que en Booking la tenían con muy buena puntuación. Una vez que hablamos con la familia que eran encantadores, nos enseñaron la habitación y la percepción cambió totalmente; estaba fenomenal, muy grande y con un ventanal de pared a pared que daba a un campo de arroz, realmente espectacular. ¡Claro que eso tenía su parte mala que no lo sabría hasta por la noche!

Nos prepararon una deliciosa cena; estábamos tan a gusto con la familia que me fui a la habitación a coger la cámara para hacernos unas fotos con ellos y al encender la luz y darme cuenta de que nos habíamos dejado la puerta de la terraza abierta, vi como en décimas de segundos la habitación se llenaba de moscas, hormigas o yo que se qué era eso. La reacción fue intentar echarlas, las que estaban por el suelo de manera innata comencé a pisarlas y con una zapatilla intentaba eliminar las que estaban por las paredes. Ante los ruidos, llegó el dueño de la casa y cual fue mi sorpresa cuando me dijo:

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-“Noooo, ten cuidado, puedes estar matando a mi padre”.

Mi cara debió quedarse más blanca que la pared, aunque en esos momentos la pared parecía un dálmata,  me quedé helada y pensando ¿y cómo quiere que duerma aquí? Me dijo “espera no hagas nada” así que tal y como si fuera una maceta con la zapatilla en la mano, me encontraba viendo como los insectos volaban plácidamente sobre mis cosas. Apagó la luz de la habitación, abrió la puerta de la terraza y empezó a decirle algo a gritos a su mujer. Mientras que él no se daba cuenta intentaba esconder a las pobrecitas que habían tenido la mala suerte de encontrarse en el suelo y toparse con mis pies.

La mujer encendió la luz de la terraza del piso de abajo, y en el mismo corto espacio de tiempo que llegaron, se fueron, no quedaba rastro alguno de ellas, salvo las que ya no tenían vida, que la verdad, aunque no parecían muchas para todas las que habían entrado, sí eran las suficientes para que el chico me mirara bastante mal. Al verme desencajada me dijo “se acabó el problema, ya no tienes compañía”.

Pero no todo quedaba ahí, pensé que traería un cepillo para llevarse las que había por el suelo, pero no, nuevamente me dejó sin palabras; vi que con todo el cuidado del mundo empezaba a recogerlas una a una para sacarlas al campo; así que acabé enterrando hormigas voladoras en mitad de un campo donde no se veía nada, acompañada de una cantidad de bichos que no sabía ni que existían, y con una música de fuertes ladridos de dos perros que no sabía si me ladraban a mi o a los bichos de alrededor. La verdad, fue peor la vergüenza que pasé por haberlas pisado que el rato de pensar que tenía la habitación llena de hormigas voladoras.

ROAD 2 HELP – Una familia numerosa

Una de las anécdotas más graciosas que nos han pasado en alojamientos fue en LombokIndonesia. Estuvimos viviendo allí 3 meses en una habitación de construcción tradicional con techo de palma y huecos por todos lados y terminó convirtiéndose en un zoo (sin la parte del cautiverio).

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animales

Un día una araña a la que bautizamos como Carlota (en un alarde de originalidad) se instaló en nuestra ducha. Mediría como unos 8 cm, era enorme y nos duchábamos en un pequeño hueco que nos quedaba para “no molestarla”. La pobre tenía sólo 6 patas por lo que le teníamos un enorme respeto por ser una superviviente.

Cuando nos habíamos acostumbrado a Carlota, empezó a aparecer el jabón del baño mordisqueado. Al principio era un poquito pero un día desapareció por completo. Ramona se lo había comido. Ramona era una rata que venía muy a menudo a visitarnos (a veces acompañada por una amiga de su misma especie) y era muy graciosa porque las noches que le oíamos le alumbrábamos con la linterna y se quedaba toda quieta hasta que le decíamos “venga sube” y se iba correteando por la viga del techo.

El miembro más grande de la familia (y el más tranquilo) era Gregorio, un Geko que mediría como unos 40 cm y que nos daba la serenata con su “ge-ko” todas las noches y al que agradecíamos enormemente la disminución de mosquitos.

Pero el “jefe” de la familia era sin duda Arturo. Arturo era una avispa enorme, nada parecido a lo que habíamos visto. Cada mañana cuando abríamos la ventana allí estaba esperando y entraba a toda velocidad (no sabemos muy bien por qué no entraba por alguno de los mil huecos que había) y le dábamos los buenos días y nos hacía gracia, hasta que un día empezó a volverse super agresivo y empezó a toparnos en el pecho como las cabras, llegando incluso a arrinconarnos contra la pared, así que había ciertas zonas de la habitación por las que pasábamos corriendo para no “molestarle”.

La verdad es que fue muy divertido compartir ese tiempo con una familia tan numerosa y tan disfuncional como cualquiera.

Espero que os hayan gustado tanto como a mi estas historias divertidas sobre alojamientos. ¿Nos cuentas tu historia?

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