Quien ha estado lo sabe: el verde de Asturias no se parece al de ningún otro sitio. Entre sus valles y montañas, el silencio adquiere una textura propia, casi líquida. Una buena opción es disfrutar del turismo rural en Asturias.
Y durante mucho tiempo, ese fue el encanto principal de la región: alquilar una casa rural, encender la chimenea y dejar que el día pasara lento. No obstante, últimamente, el campo asturiano tiene otro pulso. Ya no se trata solo de descansar, sino de vivir el paisaje
Los alojamientos rurales se han adaptado al viajero moderno, ese que busca experiencias auténticas, pero que también quiere moverse, probar cosas nuevas. No le basta con mirar el paisaje por la ventana; quiere meterse dentro. Y ahí entran en juego nuevas formas de recorrerlo, desde rutas en bicicleta hasta el alquiler de buggy, una opción que cada vez aparece más en las conversaciones entre viajeros.
El campo que se mueve
En el oriente asturiano, por ejemplo, puedes dormir entre montañas, desayunar con pan casero y, después, pasar la mañana recorriendo pistas rurales en buggy.
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