Si estás planeando un viaje corto y buscas un destino que lo tenga todo, Valencia es una apuesta segura. Pocas ciudades logran conectar su pasado histórico, una gastronomía de primer nivel y kilómetros de playa urbana de una forma tan cómoda y accesible. Al ser una ciudad llana y muy bien comunicada por diferentes medios de transporte, puedes exprimir el fin de semana al máximo sin perder la mitad del día en desplazamientos.
Lo que más sorprende a quienes la visitan por primera vez es su juego de contrastes. En un mismo día es posible desayunar en un mercado modernista, pasear por callejones medievales, comer un arroz frente al Mediterráneo y ver el atardecer entre los edificios más vanguardistas del país.

El encanto del centro histórico de Valencia
El casco antiguo de Valencia conserva gran parte de su esencia tradicional. Sus calles estrechas, plazas con terrazas y edificios históricos convierten cualquier paseo en una buena forma de descubrir la ciudad sin prisas. Entre las visitas más habituales destacan la Plaza de la Virgen, la Catedral y la Lonja de la Seda, uno de los edificios históricos más conocidos de Valencia.
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