Hay una especie de ley no escrita que se cumple en casi todos los viajes. Cuando empiezas a hacer la maleta siempre intentas dejar sitio a propósito y sales con la maleta medio vacía, pero a la hora de volver te encuentras peleándote para ver cómo vas a conseguir cerrarla. Así que si es tu caso, sigue leyendo para saber qué hacer cuando vuelves de viaje con más equipaje.
Da igual si vienes de un fin de semana en Lisboa o de pasar quince días recorriendo Japón. Empiezas con lo justo, convencido de que esta vez vas a viajar ligero, y acabas acumulando camisetas, libros, productos típicos, regalos, billetes de tren que te da pena tirar y alguna compra improvisada que, en el momento, parecía imprescindible.
Lo peor llega normalmente la noche antes del vuelo de vuelta. Ahí estás, sentado en el suelo del alojamiento, intentando reorganizar una maleta en la que no caben más recuerdos.
El problema no suele ser la ropa
Curiosamente, lo que más ocupa casi nunca es lo que llevabas al salir de casa. El verdadero caos aparece con todo lo que se va sumando en el viaje. Una botella de vino local. Unas zapatillas que encontraste rebajadas. Ese abrigo que no necesitabas pero que acabaste comprando porque “aquí está mucho más barato”.
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