Melbourne no se presume a primera vista. A diferencia de Sídney, no te recibe con una postal de ópera y bahía, sino con callejones estrechos cubiertos de grafitis, aroma a café recién tostado y una energía creativa que se filtra por cada esquina. Es una ciudad que hay que caminar, oler y saborear para entenderla. Y aunque un solo día parece poco, te aseguro que con un buen plan puedes llevarte lo mejor de ella. Si ya la conoces, siempre habrá un rincón nuevo que descubrir; si es tu primera vez, prepárate para enamorarte. Sigue leyendo para saber cómo exprimir 24 horas en Melbourne:
Antes de empezar la ruta, un consejo práctico: Melbourne está lejos de casi todo, así que conviene planear el vuelo con calma y comparar tarifas. Un buscador cómodo como Vuelos-scanner ayuda a encontrar billetes a Melbourne sin dar mil vueltas por decenas de webs. Con el vuelo resuelto, es hora de exprimir estas 24 horas.

Mañana: café, arte callejero y una biblioteca de película
Empieza el día como lo haría cualquier melburnés que se precie: con un buen café. La ciudad tiene fama mundial por su cultura cafetera, así que es difícil equivocarse. Métete por Centre Place o acércate a clásicos como Higher Ground o Auction Rooms, y no te olvides de acompañarlo con un pastelito, porque el día promete ser largo. Con la taza en la mano, piérdete por los famosos laneways, esos callejones donde el arte urbano cambia constantemente. Busca las obras más emblemáticas alrededor de Duckboard Place y AC/DC Lane, un homenaje a la mítica banda australiana.
A media mañana, sube hasta lo alto de la Biblioteca Estatal de Victoria para contemplar esa vista icónica de la sala de lectura La Trobe, coronada por su cúpula. No es una biblioteca cualquiera: fundada en 1854, fue una de las primeras bibliotecas públicas y gratuitas del mundo. Su impulsor, Sir Redmond Barry, la concibió inspirándose en los grandes ateneos europeos, pero con una idea revolucionaria para la época: cualquiera podía consultar sus fondos, siempre que se hubiera lavado las manos. Baja despacio entre sus salas, donde suele haber exposiciones sobre la historia de la ciudad.
Mediodía: brunch y jardines con vistas
¿Hay algo más melburnés que el brunch? En esta ciudad es casi una religión, y tienes que probarlo. Escóndete en otro callejón y busca mesa en Manchester Press, donde te olvidarás para siempre del típico aguacate sobre pan tostado. Aquí lo suyo es pedir algo desvergonzado: un bagel con bacon, plátano y palomitas, por ejemplo. Suena raro, funciona de maravilla.
Con el estómago lleno, camina o toma el tranvía una parada hacia los Jardines Botánicos Reales. Merece la pena el pequeño esfuerzo: es uno de los grandes placeres de Melbourne. Pasea sin prisa entre selvas en miniatura y amplios prados verdes antes de llegar al Santuario del Recuerdo, el monumento a los caídos. Desde sus escalones se abre una de las mejores panorámicas de la ciudad, con los rascacielos del centro recortados contra el cielo. Es el momento perfecto para sentarte un rato y recuperar el aliento.
Tarde: galerías, arcadas y compras con encanto
De vuelta al centro, haz una parada en Federation Square, donde se encuentra parte de la National Gallery of Victoria (NGV). La entrada es gratuita, así que entra a hacerte el entendido y déjate sorprender: las salas dedicadas al arte aborigen son especialmente conmovedoras y ofrecen una lectura profunda de la cultura australiana.
Después toca callejear entre tiendas. Pasa por la Block Arcade, una elegante galería comercial de aire victoriano donde sobreviven boutiques y los históricos Hopetoun Tea Rooms. Los amantes de la moda deben buscar Alpha60, la firma local de los hermanos Cleary: su tienda insignia de Chapter House, en Flinders Lane, expone la ropa como si fueran piezas de una galería de arte. Y para reponer fuerzas, nada como el chocolate caliente de Hashtag, que llega en un matraz de laboratorio para que tú mismo lo viertas sobre una taza rellena de algodón de azúcar. Un capricho tan absurdo como delicioso.
Si prefieres cambiar el ritmo y relajarte, Melbourne se ha rendido en los últimos años al bienestar social: las casas de baños de barrios como Collingwood, con sauna y piscina de agua mineral, son el plan ideal para descansar las piernas antes de la noche. A la hora de organizar visitas guiadas o actividades con antelación, portales especializados como Cityplanet.org resultan muy útiles para no dejar nada al azar.
Noche: de la mejor mesa tailandesa a los tejados
La noche melburnesa se planea con estrategia. Sobre las seis de la tarde, aunque aún no toque cenar, conviene ponerse en la cola de Chin Chin solo para apuntarse a la lista de espera. Es uno de los restaurantes más queridos de la ciudad, y su cocina tailandesa no se parece a ninguna otra: panqueques de cerdo desmenuzado, pad thai, un beef rendang especiado y un pegajoso cerdo caramelizado que quita el sentido, rematado con un postre enorme para compartir. Mientras esperas tu turno, escápate al cercano Hihou, un bar japonés secreto con vistas a los jardines Fitzroy: cuesta encontrarlo, pero basta con localizar una puerta de acero y llamar al timbre.
Si buscas una experiencia más refinada, Melbourne también juega en primera división gastronómica. En Minamishima, el chef Koichi Minamishima sirve desde 2014 un delicado omakase con los mejores ingredientes de Japón y Australia; las doce plazas de la barra son de las más codiciadas del país. Para tomar algo, el Apollo Inn del célebre restaurador Andrew McConnell es un templo del martini, y los amantes del mar disfrutarán de las ostras y el pescado sostenible del Stokehouse, frente a la playa de St Kilda.
Y como no querrás que tu breve paso por Melbourne termine, ahoga las penas en las alturas. No hay mejor sitio para una última copa que la azotea de Goldilocks: sube por el destartalado ascensor junto a un local de comida china para llegar a un refugio de lucecitas encajado entre rascacielos. Un final de cuento para un día intenso.
Consejos para aprovechar tus 24 horas
Melbourne recompensa a quien la recorre con método. Ten en cuenta estas ideas para no perder tiempo:
- Muévete en tranvía gratis: el centro cuenta con una Free Tram Zone que conecta los principales puntos de interés sin coste alguno.
- Reserva con antelación: los restaurantes más populares, como Chin Chin o Minamishima, vuelan; anticípate para no quedarte fuera.
- Calza zapatos cómodos: la gracia de Melbourne está en callejear, así que caminarás mucho más de lo que crees.
- Elige bien la temporada: el clima es famoso por cambiar varias veces en un mismo día, así que lleva siempre una capa extra.
Un día da para mucho, pero Melbourne siempre deja ganas de más. Si quieres completar la ruta con actividades organizadas, merece la pena consultar la oferta de excursiones y visitas guiadas en Melbourne y así descubrir rincones que en solitario pasarían desapercibidos. Porque esta ciudad, más que verse, se vive: entre un buen café, un mural inesperado y una cena que recordarás durante años.
Espero haberte ayudado con esta información sobre cómo exprimir 24 horas en Melbourne.